
El personaje del señor Hulot ya había aparecido anteriormente en Las vacaciones de Mr. Hulot.
Caracterizado con su gabardina corta, su pipa, sombrero y paraguas.
Es definido como "un cortés y amable anarquista que vivía con absoluta libertad sin entender muy bien el mundo que le rodea". Aparentemente un Charlot a la francesa con cómicos andares como muestra de su genuina personalidad. El señor Hulot se apoderó de Jacques Tati, uno de esos casos en los que la obra se antepone al creador. El autor se vio obligado a dedicar toda su carrera a la figura de este personaje.
En la película Mi tío ( 1956-58) los diálogos son mínimos, todo el humor se basa en gags visuales que causan sonrisas, no carcajadas. Esto no es inconveniente ya que la película toma un halo entrañable que recuerda al cine cómico mudo pero que también es muy influyente en algún título actual como puede ser Amèlie de Jean Pierre Jeunet.
El humor de Tati aparentemente pueril esconde críticas hacia la vida moderna, el snobismo, la calidad de vida o los contrastes sociales.
Él propio director explicó que la película defiende al individuo. " No me gusta sentirme manipulado. No puedo con la mecanización. Prefiero vivir en un barrio antiguo y humano que en medio de una red de autopistas, aeropuertos, etc... Así la gente no puede ser feliz."
Sus ideas las pone de manifiesto en escenas en las que Hulot intenta convivir con las nuevas tecnologías o integrase en la sociedad.
Los golpes de humor pueden recordar a secuencias de los comics de Tintín.
La película hace un retrato de las dos caras de la ciudad, la ultramoderna y la tradicional, mucho más humana y entrañable.
El niño Gérard sirve como vínculo entre los dos mundos ya que vive con sus padres en una aburrida casa de diseño. Gérard adora escaparse con su tio y descubrir un mundo en el que puede jugar sin ataduras , mancharse y tomar dulces.
El perfeccionismo de Tati es vigente en los geniales títulos de crédito desde el primer momento o la secuencia de la fiesta en el jardín de gran fuerza visual.